
Estoy empezando a olvidarme de Noemí y eso me aterra. Han pasado solo tres meses de su partida, pero he olvidado como se ve el brillo de sus mieles ojos, me cuesta recordar la textura de su pelo crespo y su voz es cada vez más lejana y perdida.
Cuando le llevo algunas florecitas a su tumba se me olvida a donde está, Lucía me tiene que recordar a dónde es que enterramos al amor de mi vida. 55 años juntos y resulta y acontece que Dios me vino a quitar a mi compañera que me robé de la casa con todo el debido permiso de mis señores suegros hace más de cinco décadas. Ella siempre me decía que somos prestados y yo como buen pagador me resigno a que Dios ya tenía que llevarla a pintar flores en el atardecer.

Sus cuadros de flores todavía pintan nuestra casita, así que la veo todos los días en sus trazos y líneas bien marcadas. Ella nunca fue a la escuela como yo pero siempre admiré ese don de arte con el que nació mi mujer. También la veo en los ojos de mi Lucía que aunque ya casi alcanza nuestra cuenta de aniversarios , nunca me deja olvidado aun cuando se ha mudado a la capital para tratar de ayudar a este pobre viejo con algunos centavos que me cuesta aceptar, porque después de todo con mis 75 años todavía soy soldador, uno de los de antes.
Con eso de ser soldador, me encanta ayudar a todo el pueblo con sus reparaciones pero como Noemí ya no me ordena el taller, se me pierden las herramientas todos los días, a cada cliente le parece chistoso y me tiene paciencia pero ya anoté en mi libretita de bolsillo que debo mejorar en eso porque tengo que honrar mi profesión.Y del cementerio ya hice un pequeño mapa para que no se me olvide a donde debo ir a ver a Noemí el domingo y anoté cuáles eran sus flores favoritas para que no se me pase comprarlas. Estoy emocionado porque Lucía viene a la casa esta semana, otra cosa que tengo que arreglar porque no encuentro nada y todo se me pierde.

Lucía regresó a vivir unos días conmigo para acompañarme y me invitó a conocer la capital. Ese día cerré mi taller con cuidado, dejé guardadas mis herramientas y me puse una camisita blanca que me compré en el pueblo para verme bien puesto. No todos los días se conoce la capital del país de uno y Noemí me enseño que siempre debo verme guapo, aunque no para que me vean otras señoras…
Cuando llegamos a Tegucigalpa yo me asombré de ver la cantidad de gente negociante, los carros a toda prisa, pero debo admitir que nada sustituye el silencio, el viento, las hojas y las flores de mi pueblo. Ya que hice este viaje Lucía me dijo que íbamos a ir a un llamado Seguro Social para ver que yo estuviera bien porque como ya no está Noemí no quiere que me vaya pronto. Yo sé que me ama mucho entonces le dije que sí a mi hija.
En el llamado Seguro Social después de una larga fila bajo el sol y un par de doctores fanfarrones me han dicho que este olvido que tengo de vez en cuando tiene un nombre de un alemán que no se pronunciar, pero cuando dijeron ese nombre mi Lucía se echó a llorar. Pensé en su momento que era por las dos horas en bus, que no teníamos donde quedarnos o que estaba cansada pero aun en mis olvidos ahora puedo ver que estaba llorando porque yo tenía una enfermedad importada de Alemania que se llama, permítanme lo leo de mi libreta de bolsillo…. Alzhéimer.

De geografía se poco porque soy soldador y no maestro, pero parece que mis olvidos ya no son cosas de la vejez. Son cosa de una enfermedad rara para la que solo tienen medicinas de vez en cuando y que cuando llegue de vuelta al pueblo nadie sabrá que es. Lucía esta necia de que yo ya no puedo vivir solo, pero yo quiero seguir encontrando la tumba de Noemí todos los domingos para llevarle sus flores favoritas que son los cartuchos y contarle que creo que me mudaré a la capital por un tiempito.
Dicen que los olvidos serán cada vez más, yo no les creo mucho porque yo me siento bien, pero le pedí a Dios que, si me tenía que olvidarme de todo, que mi último olvido fuera mi Noemí.
-Andrea Lucía @meetmywords
Mi bisabuela se llamaba Noemí y fue ella quién perdió la memoria. Era una gran artista que pintó muchos cuadros y botes con flores al óleo y al sol de hoy pienso en cuanto me hubiese encantado conocerla y platicar de arte con ella.

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