Nadie le cuenta los cuentos al «cuentacuentos»

Había una vez, dentro de un pueblo no tan grande pero no menos importante, un señor que era feliz contando cuentos que se encontraba en el camino. Aunque sus pasos cada día se volvían más lentos y débiles, él caminaba por el pueblo en busca de a quién contarle un cuento, ya que su esposa igual de educada que él, dejó de contarle los cuentos de su vida, de sus experiencias y de su amor, solo le pudo dejar un cuento final de la vida después de la muerte.

Aun cuando su esposa le seguía contando sus cuentos en persona, ella dejaba que su noble compañero siguiera llevando sus cuentos a todos lados ya que, si de compartir educación hablamos, ella nunca fue una mujer celosa. Más bien, siempre lo mandaba bien puesto con camisas de cuadros de colores tan lindos como los que ella pintaba.

El pueblo tenía un gran respeto por la tradición del relato oral que este amable señor tenía para dar. Él sabía cómo contarle un cuento desde el más pequeño hasta el más grande encontrando si debía contarle una historia, enseñarle de historia o ayudarle a con educación, labrarse su propia historia con un final enriquecedor. Digamos que lo amaban como cuentacuentos, pero sabían que era maestro de profesión. A mí me gusta más el título de cuentacuentos para este contador de historias.

Era un señor que desde el primer momento se supo que sería amable ya que sus padres decidieron nombrarlo: David. Su mamá y su papá no sabían que en hebreo esta selección de nombre significaba “amado o amable”, pero creo que siempre supieron que, aunque ellos ya no estuvieran, David seguiría siendo amable y amado por su pueblo que tanto le debe a su gusto por las palabras y por los cuentos.

Don David era muy curioso cuando era pequeño y ahora que es grande también y aunque por cosas de la vida salió del pueblo a buscar un poco de cuentos que se llaman “educación universitaria”, tomó la valiente decisión de regresar a su pequeña casa que en la ciudad denominarían como “de pueblo”. De este pueblo no diremos el nombre ya que en todo el país que conocemos como Honduras, hay un don David o una doña David que a su pueblo le cuenta historias a través de la mucha o poca educación que pueda cargar en sus manos o en su cansada espalda.

Yo he conocido a este señor David en muchas otras señoras y señores que hasta mi pueblo o ciudad le han dado el privilegio de formarse de forma más profesional y con más cuentos para graduarse. Creo que Don David es tan amable y amado porque tiene una pasión por lo que su pueblo poco a poco aprende que es educación valiosa que les permitirá caminar por más ambientes, aunque la naturaleza de su pintoresco y amable pueblo sea el mejor lugar para vivir y crecer, alejados del vaivén de los carros y los gritos de las personas mal educadas en corazón y paciencia.

Regresando al cuentacuentos original del que hablamos, vive en una casa de color rosado con techo de teja, pero a veces se le puede encontrar en su pequeña biblioteca de la que siempre regala un cuento a alguien más. Aunque ya es tiempo de que se jubile para descansar, todavía hay muchos chicos y grandes que lo encuentran en su aula de clase que mantiene sencilla pero pulcra y donde permite que la imaginación vuele y que el futuro se vuelva más educado y lector como él.

Foto de referencia tomada en Honduras, El Aguacatal

¿Sabían que nadie le cuenta los cuentos al cuentacuentos? No porque nadie le traiga sus historias, porque todos por amable y de buen corazón no pueden esperar a hablar con él para contarle hasta donde llegaron, que aprendieron de él y muchos le traen abrazos y libros como agradecimiento por su dedicación. Cuando digo que “nadie le cuenta los cuentos al cuentacuentos” solo quiero decir: él hace mucho tiempo que aprendió a contar y aún aprende a contar, que hasta yo perdí la cuenta de cuántos cuentos ha contado don David en su vida y aunque es un poco más arrugadito, él sabe que no vale contar los cuentos en cantidad, si no contar a los pequeños que ahora son grandes y que gracias a don David podrán ser los próximos cuenta cuentos del pueblo cuando él quiera ir a reunirse con su esposa, que casualmente eligió el color rosado de su casita. 

-Andrea Lucía @meetmywords


Comentarios

Una respuesta a «Nadie le cuenta los cuentos al «cuentacuentos»»

  1. Avatar de Orieta Bendaña
    Orieta Bendaña

    me encanto la historia del cuentacuentos

    será una gran escritora

    Me gusta

Replica a Orieta Bendaña Cancelar la respuesta