
Un domingo en medio de una tarde apurada donde decidí trabajar, escuché en la sala que mientras mi abuela platicaba con el extranjero canadiense, mi mamá tenía «Encanto» puesto en la tele mientras esperaba las noticias.
Como amante de Pixar y sus mensajes poderosos, terminé sentada en el piso de la sala como niña de preescolar tratando de ver el final tan conmovedor de la película seguida por el tema de Carlos Vives que le dio la vuelta al mundo. Vi a Mirabel y me di cuenta que yo quizás soy ella en mi familia. No tengo dones tan marcados como los demás pero heredé uno de mi abuelo.
Siempre hay una persona en la familia que tiene un poder mágico, más que cualquiera de los de Encanto y es: unir a una familia a la que le cuesta trabajo pasar tiempo juntos ya que la vida es adulta y no nos deja descansar.
Si en algo he reflexionado es que por alguna extraña razón desconocida mi abuelo tenía este súper poder y creo que me lo heredó a mi, de repente los convoco y aparecen, es mi cumpleaños y aunque celebremos separadamente tenemos un sentimiento común, todos entienden cuando hago una sugerencia de que mi abuela les necesita en alguna manera y sin querer queriendo terminamos siento una familia funcionalmente disfuncional.
La tercera generación ya está en edad de dar la cuarta según la segunda pero todos crecimos con ideas muy diferentes de cuándo empezar una familia por lo que los bisnietos perrunos le deben bastar a mi abuela por al menos 5 años más, la más pequeña ahora nos pasa a todos en estatura y yo como la mayor me encuentro redescubriendo el mundo con la mirada de una niña que sueña, que crea, que vive y que hoy abraza a su familia funcionalmente disfuncional. Los de en medio sueñan en el extranjero uno que otro sigue mis pasos en el mundo audiovisual y eso me hace sentir orgullosa y a la vez temerosa ya que se encontrarán con los mismos retos que yo pero avisados ya están…. jajajajaja

Hay un libro bien hondureño que dice que las tías son zanatas pero las mías siempre tienen una palabra de aliento, me llevan retiros voluntarios a sus casas, me mandan cosas para mi clóset y me acercan más a Dios. Si tuvieran que ser pájaros posiblemente serían ruiseñores bien amables pero como son mujeres pues se entiende que les digan zanatas en otros cuentos chinos.
La primera vez que vi «Encanto» nunca entendí muy bien el don de Mirabel y ahora me doy cuenta que está en su poder de empatizar, ayudar a los demás a crecer, arreglar las cosas rotas y divertirse en el proceso.
Este año me di cuenta que no necesito más que esa empatía excesiva con la que vine al mundo. Mi familia disfuncional mente funcional la entiende y eso es más que suficiente para seguir desafiando a un mundo que no está diseñado para los que somos igual de raros, divertidos, sensibles y un poco torpes como Mirabel.
Creo que todos necesitamos regresar a los dibujos animados para volver a ver el mundo con los ojos que no sabían que la vida era dura no porque es cruel si no porque la volvemos demasiado “adulta” cuando olvidamos que siempre debe haber tiempo para sanar a nuestro niño interior, ya que en lo personal, a la única persona física a la que le debo cuentas es a la pequeña Andrea Lucía que una vez empezó en un cuaderno viejo una historia de una osita que se llamaba María y que perdió a sus amiguitos jugando a las escondidas.

Veintitantos años más tarde se me ocurren mil maneras de terminar aquel cuento inconcluso de primer grado que mi abuelo guardó hasta su último día de vida en su oficina. Ahora me queda honrar el súper poder que me heredó y recordar que debo terminar todas las historias que Andreíta quería contarle al mundo en medio de su familia disfuncionalemte funcional.
Solo quiero aclarar que mi abuela no es cascarrabias como la de Mirabel para que nadie se ofenda en el camino y que no les pongo nombres de personajes a ninguno ya que está en ellos encontrar su don y si se parecen a los de la película pues ahí está el aviso de que no está basado en hechos reales.
En fin, ser empática y altamente sensible es mi súper poder y lo seguiré usando para el bien.
Sin más que «encantarles» por el momento.
-Andrea Lucía-MeetMyWords

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